La Familia

En este dia nos unimos en oracion por la niña Zulma Daniela Rodriguez Prieto. Clamamos a Dios por sanidad para esta niña en el nombre poderoso de Jesus. Sabemos y lo declaramos hecho ahora para la Gloria y Honra de nuestro Dios y Salvador.

Dios le bendiga y deseo informarte que estoy y continuare orando por su familia y por la conversion total a Dios. Le servimos a un Dios bueno, que cumple Sus promesas. Y declaramos que en el nombre de Jesus el Favor de Dios esta sobre usted y su familia.

Dios nos ama tanto, y en realidad tiene todas las respuestas que buscamos en nuestras vidas.  "Dios Padre, yo oro por {{-}} y su familia ahora mismo.  Te pido que el perdón, arrepentimiento y el amor sólo colmará su casa.  Por favor, restaurar lo que el enemigo ha tomado de ellos. En el nombre de Jesús te lo pedimos."  Amen.

Mi esposo es alcohólico y tengo varios años de luchar con él; pero todo ha sido imposible. ¿Qué puedo hacer?

Lo que para el hombre es imposible para Dios es fácil. He visto centenares de personas hallar en Jesucristo la solución a sus problemas espirituales y materiales. El hecho de venir a Dios significa que confiamos en un poder superior a nosotros que nos ayuda cuando ya hemos fracasado en nuestro intento. Lo que necesitamos no es una reforma o un nuevo sistema. Lo que su esposo necesita es una transformación, una nueva vida. Romanos dice: (6:4) “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”

Y 2 Corintios 5:17 afirma: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

El primer paso que usted debe tomar es afirmar su propia experiencia con Dios. Permita que Él sea su sostén y ayuda. No se puede esperar mucho de su esposo si usted no demuestra el buen ejemplo. Que él vea su determinación de servir a Dios y luego lo podrá conducir a la fuente de vida. Dios tiene la respuesta para su hogar y especialmente para su esposo alcohólico. Ríndase a Él, y en el transcurso del tiempo se cumplirá la promesa del Señor: “Serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

Hace cinco años acepté a Cristo como mi Salvador personal, pero como tuve que irme a otro pueblo donde no había iglesia de mi denominación, me fui acostumbrando a no asistir a los cultos.

Las necesidades materiales me obligaron a ir a una hacienda y no tuve valor de decirle a nadie que era evangélico. Amparado en la ignorancia de mis amigos, comencé a beber con ellos hasta llegar al extremo de quedar tirado en las calles.

Hoy que he vuelto a mi pueblo natal, me da vergüenza llegar a la capilla, aunque nadie sabe el fracaso que sufrí. Dios y yo lo sabemos, pero tengo vergüenza aun de orar.

¿Cree usted, hermano Juan, que el Señor me perdonará tanto pecado?

¿Se ha dado cuenta de que en el caso suyo se repitió la historia del hijo pródigo? Y no sé si se fijó, que su jactancia denominacional comenzó a minar su fortaleza. No debemos perder de vista que Dios no tiene rótulos. Dios no tiene denominaciones. Lo único que Dios tiene, y en todas partes del mundo, son hijos.

Unos obedecen sus mandatos, otros dicen que los cumplen, y otros sencillamente viven a sus anchas ... y a estos es a los que les va peor.

Usted me pregunta que si Dios le perdonará tanto pecado, y yo le digo: No hay una cantidad de pecados en el mundo que Dios no pueda perdonar, y que la sangre de su Hijo Jesucristo no pueda limpiar.

Al principio le decía a usted que en su caso se había repetido la historia del hijo pródigo, sólo que en el caso suyo falta la página más bella de la historia ... la confesión del pecado y el regreso a la casa paterna.

Usted tiene que confesar su pecado al Señor. Yasí como cayó en el pecado, tenga la valentía de confesarlo en su iglesia y enderece sus pasos.

Dios está esperando su regreso. No le haga esperar, hermano. Deje que brille de nuevo en su vida el sol de la esperanza, y permita que su corazón se empape de nuevo con el rocío de la bendición celestial.

Por muchos años nosotros hemos tratado de servir de ejemplo a nuestros hijos. Hemos tenido cultos familiares, los hemos llevado a la iglesia, y en todas formas hemos procurado trazar el buen camino. Sin embargo, el otro día uno de nuestros hijos fue sorprendido por las autoridades, involucrado en el tráfico y consumo de drogas. ¿Qué solucion hay para nuestro problema?

Estos son los problemas que muchas veces a nosotros los padres de familia nos sorprenden. No comprendemos por qué, después de haber servido de ejemplo y trazado el buen camino, nuestros hijos no siguen el camino señalado. Nuestra sociedad actual es tan compleja que muchas veces nuestros hijos se ven confundidos y realmente no saben a quién escuchar. Ven el ejemplo en el hogar, pero también escuchan el consejo de los compañeros de estudio, de los vecinos y de las amistades. La Biblia dice: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.” Es posible que nosotros como padres muchas veces fallamos en no tener el cuidado de aconsejar a nuestros hijos con relación a la selección de sus amistades. Creo que una de las razones principales porque nuestros hijos se alejan del consejo hogareño es porque escuchan multiples voces tanto de amigos mal orientados como de amistades que solamente buscan la destrucción moral y espiritual de la persona.

Como padres de familia debemos hacer todo lo posible para que nuestros hijos tengan un ambiente propio no solamente en la iglesia sino también en el hogar. Que seamos comprensivos, que los hijos tengan confianza para compartir con nosotros sus inquietudes, sus problemas, y aun sus felicidades y éxitos.

Ahora, en relación a su hijo tengo el siguiente consejo. En primer lugar, busque la ayuda de un pastor o de un líder espiritual en la iglesia con quien él tenga confianza. Después de encomendar el problema al Señor, busque una manera de acercarse a su hijo para poder comunicarse con él con relación al problema en que él se ve envuelto. En este caso, no creo que sea conveniente la exhortación o el regaño. Aparentemente el joven ya está lo suficiente alejado y extrañado que un regaño solamente serviría para alejarlo más del buen consejo. Traten de expresarle su aprecio y su amor, y que él sepa que ustedes no han perdido la esperanza en él.

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